domingo, 6 de enero de 2013

Pequeña actualización (100 días)

Tengo una compañera en el camino. Ríe mucho -parecía seria-, es brillante -lo imaginaba- y muchas otras cosas más que no pude apreciar cuando nos sólo cruzábamos por los pasillos de la facultad. Pareja, amiga y compañera de juegos. 100 días después hemos dado pasos de gigante desde esos tontos que se las daban de duros en verano y disimulaban sus ganas de verse. Aunque hemos peleado con kilómetros y equipajes de todo tipo, contra estadísticas, de momento vamos ganando. No nos faltan fuerzas.

Sigo creciendo, vivo en Barcelona y se supone que también trabajo, pero de momento me gusta tanto lo que hago (básicamente, sentarme y pensar y resolver problemas) que casi me siento culpable cuando recibo la nómina. Quiero viajar, pero hoy he notado algo extraño, sin embargo, al pisar Valencia. Aunque sigo con las mismas ganas de ver mundo, creo que comienzo a intuír el momento en el que me gustaría parar un rato, poder establecerme en algún sitio por algo más tiempo que algunos años. Seguramente se me pase, no sé. Pero el solecito en la cara, mientras se intuyen naranjos a lo lejos, el mar... Estaría tan bien, ¿verdad?

Uno se plantea qué es lo que quiere realmente de la vida y algunas cosas han cambiado. A ver qué nos trae este año.



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