La coraza es el vivir, una cota de mallas de experiencias. Está sin completar, tiene muchos huecos todavía, pero poco a poco voy añadiendo eslabones a las cadenas. Es cierto que cada vez pesa más y limita los movimientos, pero es el precio de estar protegido.
El yelmo fue lo único que me regalaron al echarme al mundo, y es el que me ha librado de los peores golpes, si bien no de todos. Lo mantengo tal como siempre he querido, cabeza cubierta y ojos despejados, que la mejor forma de recibir un golpe es haberlo esquivado porque te apartaste a tiempo.
Un cúmulo de deja-vus condensados forma el escudo. A fuerza de ver las cosas pasar y repetirse una y otra vez, y caer en la desesperación cuando te alcanzan las flechas perdidas, acabas decidiendo que ya está bien. Que las penas pasen con todas sus fuerzas, que si la corriente no va conmigo ya puede pasar de largo...