lunes, 12 de diciembre de 2016
Disfuncionalidad
Hago cosas retorcidas. Estrictamente legales, no malvadas, pero antinatura. Que me convencen de que los que me acusan de robot tienen razón, que soy disfuncional. Porque he entendido que si exterminas los sentimientos positivos, las ilusiones, lo malo deja de doler también. Después paso el resto del tiempo ayudando a los demás en la medida que puedo, más allá de lo que las convenciones consideran normal. Así calmo mi conciencia, pongo el peso en el otro lado de la balanza. Sigo adelante. Sin dolor, sin ilusión, con la conciencia tranquila, en paz.
domingo, 4 de diciembre de 2016
¿Alguna vez te han dejado?
- ¿Alguna vez te han dejado?
- No, nunca me han dejado. Algún rollo sí, pero relaciones no
- ¿Y por que crees que nunca lo han hecho? Porque todas tus rupturas iban precedidas por malas rachas para las dos partes
- Diversidad de motivos. Uno de ellos es que suelo estar con personas dependientes o que desarrollan dependencia a la relación Otro es que la relación les compensa, que saben que las cuido y me entrego a ellas, en lo bueno; y en lo malo permanezco fiel y honesto, y nunca cruzo lineas que no he de cruzar. Finalmente, porque suelo "adelantarme" y dejar la relación en cuanto no tiene salvación. La mayoría de las personas esperan mas. También porque saben que conmigo no hay mareos... si me dejan, se acabó
- No, nunca me han dejado. Algún rollo sí, pero relaciones no
- ¿Y por que crees que nunca lo han hecho? Porque todas tus rupturas iban precedidas por malas rachas para las dos partes
- Diversidad de motivos. Uno de ellos es que suelo estar con personas dependientes o que desarrollan dependencia a la relación Otro es que la relación les compensa, que saben que las cuido y me entrego a ellas, en lo bueno; y en lo malo permanezco fiel y honesto, y nunca cruzo lineas que no he de cruzar. Finalmente, porque suelo "adelantarme" y dejar la relación en cuanto no tiene salvación. La mayoría de las personas esperan mas. También porque saben que conmigo no hay mareos... si me dejan, se acabó
sábado, 26 de noviembre de 2016
Vuelve a iluminarte
Dormir. Aletargarse hasta la primavera. Los inviernos nunca han sido buena época para elegir el camino, cuando todo es blanco y todas las sendas son duras e inhóspitas. Estrella seguirá tintándose el pelo y pensando que está vieja, pero es solo cuestión de tiempo. Hasta que pase el frío.
Siempre hay una pequeña promesa durmiente bajo el hielo, una promesa de sol, de azahar. "Despertarás".
sábado, 30 de julio de 2016
Para ti, robotito.
Te sientes mal porque a ti (el racional) no te duelen las
peleas mientras ves como la otra persona (la emocional) sí que sufre. Para ti,
que eres buena persona (aunque no te lo creas), eso no es aceptable. Así,
ignorando de donde ha venido el conflicto, o quién ha hecho qué, o qué sientes
tú en el fondo, callas y tragas, tiendes la mano. ¿Te suena?
A ratos pensarás "¿y yo qué?". Pero te vas a
convencer de que no hay otra opción. Además , los números cuentan y convencen,
cuando miras alrededor y ves que eres el bicho raro. Difícilmente vas a
encontrar consuelo en alguna parte. Estamos rodeados de emocionales que se
apoyan y entienden unos a otros y nos dirán, sin decirlo:
- Es que tienes que entenderle, si te ha hecho
"eso" es por despiste. No todos somos como tú, no todos podemos
controlarlo todo. Cometemos errores.
O bien, en el otro lado:
- Es que tienes que entenderle, si tú le has hecho
"eso", le sienta mal, la inseguridad le puede y se enfada y lo paga
contigo. No todos somos como tú, no todos podemos controlar nuestras emociones.
Probablemente es el mismo "eso" , cambiando solo
el momento temporal y si lo haces tú o la otra persona. Debería ser lo mismo,
¿no? Pero no hay justicia que valga. Siempre debe ser responsabilidad de los
"robots", los "seres fríos" , a los que "no nos afecta
nada" quedarnos con el daño que causamos y el que nos causan, cargar con
la culpa porque a fin de cuentas los emocionales no son responsables de lo que
hacen, dicen o hieren.
El problema es que nosotros mismos nos lo creemos. Pensamos
que las emociones nos salen gratis. Vemos a la otra persona sufrir y nos
apaciguamos aunque nosotros aún estemos heridos. Tragamos golpes y hachazos,
nos dicen barbaridades, nos deshumanizan... y lo justificamos todo como se
justifican los emocionales: "no es culpa suya", "ya, pero lo
pasa mal". Y seguimos pensando que nuestras emociones están controladas y
estables.
Tengo una mala noticia: aunque seamos más duros y más
estables, nosotros también somos emocionales. Todo eso rasca, pica, duele, acaba
haciendo brecha y nuestro propio autocontrol no nos lo deja ver. Nos hemos
confiado porque nos conocemos bien, porque efectivamente controlamos mejor las
cosas, pero cometemos el error de pensar que somos invulnerables. No nos damos
cuenta que , al creernos que siempre somos nosotros los que hacemos daño, que
manipulamos, que no sufrimos... Nos estamos hundiendo la autoestima. Nos
creemos que somos disfuncionales. Y de vez en cuando, pum. Al suelo. Estallamos
emocionalmente, de forma descontrolada, aumentado por el hecho de que nos hemos
vuelto incapaces de lidiar con algo tan fuerte dentro de nosotros. Sálvese
quien pueda.
Espero que lo que voy a decir ahora te suene a exageración y
que nunca lo hayas vivido: Cuanto más racional eres, mejor puedes controlar las
emociones "superficiales", pero peor las profundas, las crisis,
porque te has protegido tan bien que casi nunca llegas a esas. Pero hay veces
que a fuerza de tragar, llegas al fondo. Y si sigues forzando el control
emocional, será tu cuerpo el que busque salidas. Puede ser llorando, gritando,
entrando en un estado de desconexión emocional que te deja medio catatónico. O
puede ser buscando una forma de transformar ese dolor que te invade y no sabes
manejar en dolor físico, que es algo que puedes ver y entender. Arañazos,
heridas, pensamientos negros. Si llegas a este punto, busca ayuda. De verdad.
Con el tiempo he aprendido una serie de cosas. Las comparto
por si pudieran ayudar. Por puntos...
1. Eres humano. Tienes tu integridad y dignidad, y tienes que
mantenerlas a salvo. No permitas que te ataquen, insulten o hagan daño
voluntariamente. Corta eso de raíz. Tampoco estás ayudando a la otra persona si
se lo permites. No dejes que se desahoguen contra ti
2. Tus emociones valen tanto como las de cualquiera. Tras
una discusión, pelea, pon tus emociones en la balanza, tus actos y tus palabras
y, analízate como si estuvieras analizando a otra persona cuyas emociones te
importasen. Te puede sorprender el resultado.
3. Controlar las emociones y las palabras es una virtud, no
un defecto. Que seas así ha ayudado incontables veces a que las cosas no se
fueran de madre. Estate orgulloso. Si más gente tuviera inteligencia emocional,
irían mejor las cosas.
4. No estás solo. Apóyate en alguien que te conozca bien y sepa
cómo te manejas por dentro. Que sepa cómo te sientes de verdad y sepa detectar
los síntomas de que esta vez te han hecho daño. Cuéntale las cosas, usa una
válvula de escape. Si no lo tienes, escribe. Por supuesto, hazle saber a tu
"emocional" como te sientes. Por lo que mas quieras, no te quedes
todo dentro.
6. Finalmente, ten compasión. Porque a pesar de todo, el
haber aprendido con esfuerzo a manejarnos nos da cierta "ventaja" que
tenemos que usar por el bien de los dos. Manten la mente clara, guia la
discusión, intenta calmar a la otra persona y ayudarla a que sufra menos. Pero
nunca renuncies a todo lo demás.
Para ti, racional, que me lees. Si algo de todo esto te ha
servido, me alegro.
Para ti, emocional, que te has sentido identificado porque
conoces a alguien así y quizás ahora le entiendas un poco más. Cuídanos un
poco. Aunque no lo demostremos siempre, también somos humanos.
jueves, 26 de mayo de 2016
23:49
Tamborilean mis dedos en tu espalda, amanece la ventana. Niña, no te hagas la dormida, ya agotamos las mentiras de sal ayer. Otros cien días, cien brisas que han revoloteado por la habitación, y la primera hoja que se cuela y baila.
El mismo vestido que ayer arrastrabas por la orilla, caminando de madrugada, descansa desmadejado en la esquina. Quitabas arrugas de mi camisa -¿no te planchas nunca la ropa? - claro que no.
Pende la duda un momento sobre nosotros.Pero hay otras cien sombras en la habitación que saben la respuesta. Hace frío ya.
El mismo vestido que ayer arrastrabas por la orilla, caminando de madrugada, descansa desmadejado en la esquina. Quitabas arrugas de mi camisa -¿no te planchas nunca la ropa? - claro que no.
Pende la duda un momento sobre nosotros.Pero hay otras cien sombras en la habitación que saben la respuesta. Hace frío ya.
domingo, 17 de abril de 2016
1:25
No se puede escribir sobre el desamor estando en pareja, como no se puede escribir sobre el amor sin estar enamorado.
Tenemos que amar las imperfecciones, son las enseñanzas de segunda vuelta. Pero, ¿hasta donde? Para mí siempre ha sido una cuestión de admiración y respeto. Nunca lo he sentido hacia los que pisan, arrasan u oprimen. Debes amar a alguien a pesar de ver lo peor de esa persona, pero ¿y si lo peor va dirigido hacia ti? ¿Miles de años y a nadie se le ha ocurrido refinar una guía en la vida? Una única, universal. Con un sistema de alertas y puntuaciones y reglas. "Si ocurre esto, es un strike". Tres y a la calle.
Y al menos podríamos dejar constancia sin necesidad de grabarnos la piel.
Tenemos que amar las imperfecciones, son las enseñanzas de segunda vuelta. Pero, ¿hasta donde? Para mí siempre ha sido una cuestión de admiración y respeto. Nunca lo he sentido hacia los que pisan, arrasan u oprimen. Debes amar a alguien a pesar de ver lo peor de esa persona, pero ¿y si lo peor va dirigido hacia ti? ¿Miles de años y a nadie se le ha ocurrido refinar una guía en la vida? Una única, universal. Con un sistema de alertas y puntuaciones y reglas. "Si ocurre esto, es un strike". Tres y a la calle.
Y al menos podríamos dejar constancia sin necesidad de grabarnos la piel.
jueves, 11 de febrero de 2016
jueves, 24 de diciembre de 2015
Sirena
Si no te veo, te imagino.
Me sintonizo en tu alegría para poder escribir(te). Dicen "hay chicas de medio metro que caminan por el mundo como ciclopeos monumentos y otras, que miden algo más, restan centimetros bajo sus pies". Se olvidaron de las que crecieron altas y fuertes, que aún contentas con ello se calzan sus tacones y salen a hacer el vendaval.
Todavía no te veo, pero ya me haces imaginar otoños soleados. Dice la mariposa de tu hombro: "este año el verano no morirá".
Me sintonizo en tu alegría para poder escribir(te). Dicen "hay chicas de medio metro que caminan por el mundo como ciclopeos monumentos y otras, que miden algo más, restan centimetros bajo sus pies". Se olvidaron de las que crecieron altas y fuertes, que aún contentas con ello se calzan sus tacones y salen a hacer el vendaval.
Todavía no te veo, pero ya me haces imaginar otoños soleados. Dice la mariposa de tu hombro: "este año el verano no morirá".
Patada y al suelo
Los enemigos son útiles.
Arranque más que tópico, pero este es uno de esos pensamientos que se habrán repetido - y plasmado - demasiadas veces, reaprendido por otras tantas personas. Me toca.
Los enemigos son útiles cuando te hieren. Te muestran, metiendo el dedo y hurgando, exáctamente donde tienes el agujero. Un crash test dummy con personas. Sin piedad ni paños calientes, te dicen tus errores y defectos claramente. Te los gritan y estrellan en la cara más bien. Magnificados, probablemente, pero no menos reales. Y mejor, te dicen qué es lo que te duele, donde te pueden hacer daño. Haciéndotelo.
Si sobrevives - y claro que lo haces, aunque sea tras un tiempo con la mirada perdida desde el fondo del pozo- es una vacuna.
A veces es como un directo en la cara (¿he dicho ya que no me iba a currar la entrada?) que te hace saltar la muela podrida. Duele. Duele de verdad. Y te cagas en su puta madre por haberlo hecho así. Pero ya está fuera. Has sacado lo que tenías que sacar, te han pisado en el proceso, pero se acaban las tonterías.
Ahora depende de uno arreglarse, zurzirse y que no vuelva a pasar.
Arranque más que tópico, pero este es uno de esos pensamientos que se habrán repetido - y plasmado - demasiadas veces, reaprendido por otras tantas personas. Me toca.
Los enemigos son útiles cuando te hieren. Te muestran, metiendo el dedo y hurgando, exáctamente donde tienes el agujero. Un crash test dummy con personas. Sin piedad ni paños calientes, te dicen tus errores y defectos claramente. Te los gritan y estrellan en la cara más bien. Magnificados, probablemente, pero no menos reales. Y mejor, te dicen qué es lo que te duele, donde te pueden hacer daño. Haciéndotelo.
Si sobrevives - y claro que lo haces, aunque sea tras un tiempo con la mirada perdida desde el fondo del pozo- es una vacuna.
A veces es como un directo en la cara (¿he dicho ya que no me iba a currar la entrada?) que te hace saltar la muela podrida. Duele. Duele de verdad. Y te cagas en su puta madre por haberlo hecho así. Pero ya está fuera. Has sacado lo que tenías que sacar, te han pisado en el proceso, pero se acaban las tonterías.
Ahora depende de uno arreglarse, zurzirse y que no vuelva a pasar.
Suma y sigue
Creo que llevo un año en las capas superficiales de la vida. Nada duele de verdad y consecuentemente, nada alegra de verdad. La felicidad superficial se disfruta más que pesan los dolores ligeros, así que el balance es bueno... pero irreal. Como haber vuelto a una burbuja, a la cueva primordial donde es todo luz tenue y calor templado.
Romances pasajeros, con intensidad que no rompe por dentro y heridas de las que desembarazarse apretando el paso. Donde no me importa si te quedas o te vas.
Pienso a veces que solo tengo algo real, y es una bolsa debajo de la cama con decenas de recuerdos. Si la abro por error (o por idiota) se esfuman las dudas. Cuando he pensado que me había insensibilizado, que el cinismo era ya parte de mí, me ha bastado con abrirla para sentir el arañazo por dentro, el dolor de verdad. Cierta alegría masoca, de estar vivo. La pena es que acto seguido pierdo los colores, las ganas y todo lo demás. Ya ni me apetece jugar.
Suma y sigue
Romances pasajeros, con intensidad que no rompe por dentro y heridas de las que desembarazarse apretando el paso. Donde no me importa si te quedas o te vas.
Pienso a veces que solo tengo algo real, y es una bolsa debajo de la cama con decenas de recuerdos. Si la abro por error (o por idiota) se esfuman las dudas. Cuando he pensado que me había insensibilizado, que el cinismo era ya parte de mí, me ha bastado con abrirla para sentir el arañazo por dentro, el dolor de verdad. Cierta alegría masoca, de estar vivo. La pena es que acto seguido pierdo los colores, las ganas y todo lo demás. Ya ni me apetece jugar.
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