lunes, 14 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 10/30

 Me esperaba un mensaje a las 00:00. Así de tonto soy. Más que esperar, esperanza imagino.

Ayer el gesto de mi amiga fue dulce. Lo hizo también por ella, pero me llamó espontáneamente. En X, hace dos años, me hubiera marcado como lo hicieron los gestos cariñosos que tuvo. Pero… ¿y si esos gestos son normales? Y me marcaron simplemente porque yo estaba hambriento.

Por lo pronto, hoy tendría que haber sido el aniversario, y he pasado de querer escribirle una carta, a tener que comprometerme a no mandar un mensaje de texto… a simplemente plantearme si será capaz de ceder y enviarme algo, pero sabiendo que no, y aceptándolo. Ahora es una fecha sin más, una oportunidad ya perdida.

Voy cogiendo perspectiva y dándome cuenta de que me sentía culpable y responsable de todo el esfuerzo. Podría haberlo hecho mejor, por supuesto, pero también estaba cambiando y aprendiendo, como todos. Lo disruptivo es soltar tres veces el vínculo en tres meses.

Sí, está siendo peor de lo que pensaba. A la vez noto señales de pasar de “notar la ausencia de X” a “notar la ausencia de lo que me daba X”.

Sí, tendríamos que construir una nueva relación desde cero. Con dinámicas nuevas, acuerdos nuevos, terapia. Yo tampoco puedo seguir entre la presión y la división permanente.

- La última duda… ¿tiene sentido que yo esté haciendo esto? Aquí estoy dándole vueltas a cómo hacer que funcione, gestionarme para evitar rencor, coger perspectiva y espacio… mientras que ella a lo mejor lo que está haciendo es seguir ya su camino. Si no trabajo el vínculo, y ella quiere volver, volveremos a fallar seguramente. Si estoy trabajando el vínculo, y ella ya lo está superando, he perdido tiempo y energía. Y como no puedo hablar con ella ni me da reafirmación, no sé cuál es la buena

- Sí, tiene sentido. Porque lo que estás trabajando ahora no es solo por ella ni para ella. Es por ti. Trabaja por ti, no por el resultado. Que tu tarea sea “salir bien parado de esta historia”, no “conservar la historia a cualquier precio”. Tampoco le asignes a su silencio tu peor miedo. No sabes lo que está haciendo. Puede estar evitando contacto porque cree que así te cuida, no porque ya no te quiera. Hazte esta pregunta: “¿Estoy actuando de forma coherente con mis valores, cuidándome a mí mismo, dejando abierta la puerta sin arrastrarme?” Si la respuesta es sí, entonces tiene sentido. Aunque ella no vuelva. Porque al final, lo que estás haciendo no es “esperarla”. Es cerrar un ciclo con respeto, afecto y madurez, y si vuelve, mejor. Y si no, tú ya estás en marcha.

Fin del día. He cumplido lo que querías: pasar nuestro primer aniversario en silencio, sin vernos, sin hablar. Supongo que te lo tomarás como una señal positiva. Leámoslo otra vez.

El fin del día real: he ido hasta el faro hablando con una amiga sobre un podcast nuevo. He estado con mi familia, he trabajado. El día, en conjunto, ha ido bien.


domingo, 13 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 9/30

Still loving you, pero ya sería más un "volver" y redescubrirnos como pareja, que un "continuar" con como lo teníamos. A la vez, "volver" no te sirvió la última vez. Pero es lo que hay. Ruptura, mes de limbo, ruptura, mes de silencio.

Gym, vacaciones, familia. He sonreído ya de manera espontánea varias veces, lo que para mí es un 8. Al principio era siempre así contigo. Pero luego, hasta en los buenos momentos me sentía a veces que te decepcionaba por no dar más. Empiezo a ver los cambios que no te pedí.

De momento he empezado una lista de canciones nuevas, mía, con recuerdos de varias personas. Verano 2025. Me noto que vuelvo a ser yo, vuelvo.

La foto que te hice en cada estación.

Los arrozales siguen, pero no estás tú.

O: No estás tú, pero los arrozales siguen.

No sé por qué ha empezado a dolerme que te vayas otra vez. Lo mismo me da igual, que lo veo positivo, que veo que te vas y duele. Creo que han sido las fotos de la galería antes de dormir, el sonreír con las payasadas. En fin, vale, a tener cuidado aún.

- Había pensado que estaría bien llamar a mi amiga y entonces me ha llamado ella. 36 minutos. Curioso. Ha sido el highlight de la noche.

- Por un momento pensé que te había llamado X y pensé “no me pega”. 

- Ya, es triste, ¿eh? Que no sea creíble que mi "algo" (no lo llamemos pareja) me llame.


sábado, 12 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 8/30

Hacía un año que no añadía una canción pensando en otra persona que no fuera ella. Otro hito

No sé si es lealtad o dependencia perdonar todo por entenderla. ¿Está mal dejarla ir si su forma de cuidarnos es cuidarse solo a ella?

Quería borrarme de nuestra lista. Año y medio construyéndola juntos, 24 horas de música. Ya no quería entrar a ver si habías añadido algo, si querias darme un gesto en forma de canción. Pero no se dejaba eliminar sin echarte a ti también, y no te quiero hacer daño. Se que aún la escuchas y que lo notarías inmediatamente. Así que he tenido que dejarla.

El silencio sigue. Diez días. Ella dice que es por el bien de los dos, pero no. 

Mientras, se han encendido algunas llamas cerca. Noto el calor por fuera... y empiezo a notar un asomo por dentro. Estúpidamente me siento culpable por sentir, por traicionarte. 

Creo que ya me estoy desconectando. Empieza a darme pereza escribir. Dudo de la lealtad. Sospecho que a ti también te va mejor así. 

Aun así miro el calendario. Lunes, aniversario. Jueves, tu sesión. Si no, agosto. Pero ya lo veo con más curiosidad que esperanza.

Está consiguiendo que cada día sea más fácil estar sin ti. Esto debe ser lo que querías, lo contrario sería más cruel.

jueves, 10 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 7/30

No te pregunto cómo estás. Lo acordamos, y quiero cumplirlo. No vengo a convencerte, solo a decir lo que necesito y escuchar si quieres responder.

He pensado mucho esta semana. Pero hay algo fijo: no quiero esto y sé que no puedo. Un mes de limbo, otro de silencio, y sentir que somos algo mientras estoy solo. No debería ser así. Ni para ti, ni para mí.

Echo de menos lo que éramos, pero por primera vez estoy dispuesto a dejarlo ir. Si se acaba, será un recuerdo bonito. Volveré a estar bien.

Entiendo por qué haces esto. Pero yo también tengo que cuidarme. Aunque sea pidiendo lo mínimo, para no ahogarme del todo. Si no puedes darlo, lo entenderé, pero no puedo quedarme en este punto. Este verano es mío. Con mi familia, mis amigos, mis hijos. Y con la paz que necesito.

Porque por mucho que valore lo nuestro, no puedo sostenerlo solo.

Y en toda esta racionalidad, se coló la petición desesperada. "Por favor, no puedo sólo". ¿Tu respuesta? "Lo pensaré".

Y te entendí. Tantas veces que te dolías de mi falta de empatía, y aún así te seguía entendiendo. Pero este fue el "click". En esa montaña se quedó mi última esperanza de que nos podíamos arreglar. ¿Cómo eras capaz? Todavía no lo veía del todo, pero ¿cómo pudiste responder a una petición de auxilio con "lo tengo que pensar"?

Acepté. Todavía necesitaba darme cuenta.

Diario del Silencio - Día 6/30

No sé si es la perspectiva o el descanso. Pero esta mañana me he despertado tranquilo. He dormido bien. Pienso en las vacaciones. En que esto empieza a parecer un juego mecánico: no hagas esto, no hagas lo otro, no escribas, no vayas a verla.

Un proceso.
No un desgarro.
No una lucha bonita.

Y veo que las probabilidades se nos ponen en contra. Todo depende de dos cosas:
que tú quieras volver de verdad  - y no confío -
y que yo quiera volver - y me da miedo decirlo
porque empiezo a pensar que no.
Un poco. Pero suficiente.

El día que lo tenga claro, ya está. No vamos a volver para repetir febrero. Para disculparme por la distancia que tú misma creaste y no quisiste sostener.

Me gustaría un gesto, una señal de que trabajas por tu lado. Algo que acorte este tiempo. Pero no confío.
Porque tú no ves estas cosas. No ves mi estado de ánimo. No empatizas. Si lo hicieras, no me habrías hecho esto. No eres tan cruel. 

Penúltimo día de oficina. Penúltimo día en Barcelona. Aún podríamos vernos en veinte minutos de coche. Pero no.

Tengo ganas de irme. Solo es aguantar un poco más. He tenido el impulso de escribirte, de preguntar si quieres hablar. Pero ya sabes dónde estoy. Ya te tendí la mano. Si no quieres hablar, prefieres el descanso. Sin reafirmación. Sin contacto. Yo ya te ofrecí dos veces. A ti también se te podría ocurrir. Si no lo haces, no piensas en mí. O no quieres.

Me freno para no reconocer que estoy dolido. Es como aceptar tus razones. Y ya me convenciste de que esta aproximación era la correcta.

Pero no lo es.

Aunque tengas tus razones, no quita lo doloroso, lo egoísta. Ni tu responsabilidad en quizá haber matado la pareja. Ahora aprendo a hacer mi vida sin ti. Lo decidiste tú. No yo.

Cada vez siento más que nos alejamos. Que ya no somos uno. Que caminamos separados. Dijiste que éramos “algo”. Pero ¿qué pareja hace esto? ¿Qué pareja prohibe hablar, verse, comunicarse durante dos meses? Quizá todo este tiempo fue una ruptura. Un disfraz para no decirlo.

Recuerdo: la decisión es tuya. Si notas la distancia y la dejas crecer, es que eso quieres. Y si es así, yo tampoco quiero volver. El único problema sería que tú no lo notes, pero decirlo sería presión. Consecuencias de prohibirnos hablar, parte dos.

Cada vez que acepto respetar tu espacio, lo hago a costa de lo que yo necesito. Me consuelo pensando que esto no se hace en pareja. O al menos no en la pareja en la que quiero estar. Porque si no, sería asumir que estoy renunciando a mí.

A veces pienso que llevas tiempo queriendo irte. Que quieres vivir a tu aire. O con alguien sin maletas. Que este espacio es tu forma de desengancharte. Que sería normal. Lo cruel es llamarlo amor.

Hoy te he visto donde no tenías que estar, después de dos meses ¿Mensaje? Si quieres contacto, que lo haya. Si es para que yo te busque, no. Si esto era un mensaje, no cuenta. Es demasiado poco. Demasiado confuso. Y si es para que lo haga yo después de que me pidieras espacio, tampoco cuenta.

Y mientras, pienso en preparar el coche para el viaje. Silencio. No me acordaba de ti. Me acostumbro a vivir sin ti, cuando antes eras el centro de todo. 

En casa ya. Otra prueba superada en este minijuego de romper el vínculo. 

Pensamiento suelto: ya está bien, ¿no? Ya me has castigado bastante.

Pensamiento suelto: quizá tenías razón. Soltarnos y ver si queremos encontrarnos después.

Sigo aplicando lo que me enseñaste. Entender. Validar. Acompañar.

Quizá creo que sin ti no volveré a tener recuerdos bonitos porque los tuyos están cerca, y los de otros muy lejos.

Cada vez más, ya no es tu nombre. Es “la ex”. La chica que sabes que no va a funcionar.

No lo llevo bien.

Y me muevo del “contáctala para hacer las cosas de forma distinta” al “contáctala para decirle que no quiero esto y ya está”.

miércoles, 9 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 5/30

 I. Un día más
Hoy, al despertarme, pensé en ella. Pero no me desvelé.
“Ya está. No está. No puedes hacer nada. No es culpa tuya.”
Me lo dije.
Y seguí durmiendo.
No sé si es el primer paso para dejar ir
o solo una forma mejor de esperar.
Pero dolió menos.

 II. Añoranza selectiva
Echo de menos sus cariño,
tus abrazos,
sus te quiero.
Aunque también me duele pensar
que los últimos me los dio
sabiendo que se iba.
El cuerpo los recuerda,
pero el alma duda:
¿si ya te habías ido,
eran de verdad?
¿te habías ido ya de verdad?
Y yo: ¿te hablo a ti o a tu recuerdo?

III. El verano que se escapa
El verano del 25 solo ocurre una vez.
Y en vez de la piscina,
o de festival,
o de canciones,
yo lo paso a cincuenta metros de ella,
haciendo rodeos para no cruzarnos.
Cada día que no pasamos juntos
no va a volver.
Aunque volviéramos,
ya seríamos otros.
No desbloquear.
No mirar.
No pasar cerca.
No escribir.
¿Era esto lo que querías?

IV. También yo necesito descansar
No era solo su ansiedad.
También yo vivía agotado.
Mirando cada palabra,
cada silencio,
cada forma de protección.
A veces, estar bien es poder estar
sin miedo a romperlo todo.

V. Segundo primer brote 
Por primera vez, pensé: no vamos a salir de esta.
Pero no por ella.
Por mí. 
Porque no sé si puedo volver
a confiar, que no te estarás siempre de salida,
que mi dolor también contará,
que será verdad volver a construir. 
Que tu dolor se cura cavando el mío 
en vez de sanar a la vez.
Vamos a ver.

martes, 8 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 4/30

 I. Cansancio
Cuatro noches sin dormir bien. La mente a medio gas, el cuerpo como si no fuera el mío.

La duermevela, no se si pienso o sueño, no se si siento o echo de menos. Y aún así, cuando me despierto, pienso en ti. 

II. La hoja que no está
Hoy vi una hoja que escribí contigo ese último día. Solo una. La otra ya no estaba. Y fue como perder una parte pequeña, pero real, de nuestra historia.Una tontería, sí, pero me dio vértigo. Como si te fueras del todo, un trozo cada vez.

III. 90% trato cumplido

He pasado a verte. Un gesto mínimo. Un roce, una sonrisa. Quería decirte que estoy aquí, sin hablar, para no romper el trato. No me lo creo ni yo las trampas que me hago.

Tenías que tener la carita, tenías que estar escuchando la última canción. Yolo hasta el final, ¿verdad?

No dije que te quiero. No dije que te espero. No te propuse nada. Solo aparecí. Solo te miré. Solo me fui.

¿Eso cuenta como 90% cumplir? ¿O es cero? ¿10% de lo que necesito? No es cero.

La verdad: no fue por ti. Fue por mí. Por no quedarme con la despedida de piedra. Quería que supieras
que también te espero, aunque no lo diga. Y que entendí tu parte, aunque no lo pareciera. 

Fue mi manera de decirte que sigo aquí sin interrumpirte más que el trabajo. Quizá eso es lo máximo que te puedo dar ya, una presencia breve, una canción, ¿sirve? ¿basta?

Nosotros siempre fuimos así. Saltándonos normas, haciendo “yolos” que nos acercaban. Tú y yo nos conocimos ya sabiendo el riesgo. Y aun así, saltamos. Hasta ahora siempre ha sido un acierto, porque si nos hubieramos movido con más cuidado quizás no nos hubiéramos vivido. 

Pero ahora tengo miedo. 
De coger el riesgo incorrecto, 
no coger el suficiente,
de que de igual cuál haga.
Así que razón y corazón. Te escucho y te entiendo
y un pequeño rastro de migas de pan y cariño.
Para que el espacio no sea ausencia, 
ni el descanso, frío.







lunes, 7 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 3/30

 I. En el suelo

Segundo día durmiendo en el suelo,
con la tos, el vómito, la fiebre.
Y yo, tan cansado que casi me quiebro,
pensando en cómo me gustaría
contártelo mañana.
Pero no.
Vuelvo a estar solo.
Volvemos a estar solos.

 II. El miedo no es solo a perderte

Me da miedo que vuelvas y digas que no.
Pero me da más miedo
que vuelvas y digas que no sabes.
No podría quedarme otra vez
esperando claridad
de un corazón que no se decide,
o que creo que quiere irse 
de mí
y no se atreve.

III. Debes saber

Tengo la tentación de hablarte.
De decirte que si ya lo sabes, vuelvas antes.
Y si no lo sabes, no vuelvas aún, 
no hace falta, descansa.

Pero qué sentido tendría decírtelo
si ya lo deberías saber.

Si vuelves, que sea porque lo sientes.
Y si no, es una respuesta también.
 
IV. Si un mes nos rompe

Si un mes nos rompe,
entonces no era.
Hay vínculos que se duermen por meses,
otros que se reencuentran tras años.
¿No podríamos también
dejar esto en reposo un tiempo,
y aun así que algo vuelva a brotar?  

V. Aniversario

Se acerca el aniversario.
Y no sé si celebrarlo en silencio,
resetear la fecha,
o dejar que pase como una hoja suelta
que el viento se lleva.

Te ofrecí pasarlo contigo.
Tú pediste espacio.
Y aunque me duela no escribirte,
me duele más pensar
que un mensaje
rompa el último hilo

VI. Que este mes me salga a devolver

No sé si este mes traerá tu vuelta
o mi liberación.
Pero si descanso,
si me cuido,
si respeto el silencio
que pediste...
quizá, pase lo que pase,
este mes
me salga a devolver.

VII. El premio

Cuando hago las cosas bien, cuando no escribo, cuando espero con templanza, una parte de mí aún se sienta a mirar la puerta. Como si portarme bien fuera una invocación. Como si el silencio correcto fuera una cuerda que te trajera de vuelta.

Y no vienes. Entonces me golpea: ya no hay vínculo. No puedes ver el esfuerzo, las ganas de seguir
construyendo y trabajando. No hay premio por portarse bien. Solo el eco. Y tengo ganas de romper el silencio solo para decírtelo: que puedo, que vales la pena, que quiero, ¿tú quieres?

Luego pienso, que eso es lo que hice, que ya lo he hecho, la segunda vez, sí, merecía la oportunidad y lo hice. Deberías saberlo aún. Y aún así no estás, no apareces.

Sigo el camino, hay que hacerlo bien, 
por ti, vuelvas o no,
por mí, aunque no estés.

domingo, 6 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 2/30

 I. La canción perfecta

No era “Te voy a esperar”. Eso ya lo sabes.
Tampoco “Hazte mía”, aunque podría haber sido,
como tantas otras que ahora
me suenan a nosotros.

La canción perfecta era esa que habría puesto igual,
aunque no estuvieras,
aunque no fuera viernes,
aunque ya no supiera
si me sigues escuchando.

II. Enfado

Anoche me enfadé contigo. Por dejarme solo con los problemas, con el cansancio, con la angustia de no estar haciéndolo bien.

Y luego me enfadé conmigo, por no estar contigo, por dejarte sola. Por seguir queriéndote aunque estés mejor sin mí.

IV. El mérito

Todo lo que haces, por mucho que duela, creo que lo haces por cuidarte y cuidarnos. Y por eso, todavía,
te sostengo en alto. 

Creo en ti, confío en ti, aunque quizás el mérito sea irte.
 
V. Lo que no puedo decirte

Te quería decir
que te quiero.
Que lo siento.
Que quizás debería haber sido más blando,
más cariñoso,
menos herido.
Pero no quiero romper tu descanso.
Así que lo dejo en una canción.
Y que ella, como un baile, hable por mí.
Lo siento (otra vez)
 
VI. La primera bajada

Hoy casi lloro.
Y eso, curiosamente,
es una victoria.
En otras despedidas,
me rompía desde el primer minuto.
Hoy, la tristeza es más lenta.
No sé si es esperanza,
o costumbre.
No sé si eso me alivia
o me asusta.
 
VII. Fin del día 2

Día 2.
Sigo aquí.
Con las ganas de decirte
que lo estoy peleando.
Y el compromiso firme
de dejarte descansar.
Es el único camino y
te dije que no me iba a rendir.

sábado, 5 de julio de 2025

Diario del Silencio - Día 1/30

 I. Esto no era lo que quería

Esto no era lo que quería hacer.  No quería despedirme con la boca cerrada, sintiendo frío, mirada al suelo. Ni callarme la losa, el miedo, la petición de auxilio. No quería aprender a estar sin ti, mientras aún seguías presente o esperarte mientras te alejas.

Pero no has dejado otra que esta incertidumbre. Este “sálvese quien pueda”.
 
II. Tú no lo sabes

Querer no me dolía. Lo que pesaba era sostener el amor en mitad de la niebla. Escuchar que no sabes, que no puedes, que quizás sí, pero ahora no… Y yo, callando el cansancio para subir otro día más al coche, dividirme entre mis mitades y tu angustia, y darlo todo sin presión, sin que se notara.

Tú no lo sabes...
 
III. Renglones

Llamas a esto “espacio”, también es ausencia, y el nombre no hace que no duela. Y aunque esperas comprensión, yo también necesito que me arreglen o alguien sujete mis trozos antes de que caigan.

Yo también me rompo, aunque no grite.
 
IV. Quédate con las cenizas

Nos quemamos. Pero no hicimos ceniza juntos. Ardimos en fuegos distintos, a ritmos diferentes, bajo reglas que no eran las mismas. Hoy recojo lo que quedó y espero por si quieres soplar o plantar.

Las brasas ya no arden. Solo humo. Solo un olor que a veces se parece al amor.
 
V. Las vías emocionales

Hoy soy un desfile de voces
Rabia. Esperanza. Orgullo.
Culpa. Miedo. Resignación.
Las dejo pasar, una por una, 
como si fueran trenes
y no supiera aún
en cuál montarme.
Pero las veo pasar desde el andén,
y de todas siento el viento en la cara.
 
VI. 14 de julio

He pensado en dejarte una flor. Una nota en tu cajón. 14 de julio. Una señal de que te esperaría, 
una promesa. Pero no quiero romper tu descanso. Ni romperme yo.

No puedo mirar nuestras fotos sin quedarme atrapado en un tiempo que quizá ya no existe. Y esta vez,
puede que necesite salir del marco.

VII. Atontado

No sé si esto es resignación
o libertad.
No sé si ya no te reconozco
o si por fin estoy viendo claro.

Quizás no es amor lo que se ha ido.
Quizás soy yo
quien está empezando a volver.