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viernes, 8 de febrero de 2013

Detrás de los espejos rotos

Como la niña que pide amor con pistola, dolida y perdida, escondida en su propio caos, inalcanzable. Si pisas demasiado fuerte se asusta. Es mejor permanecer inmóvil mientras se mueve y curiosea alrededor. Tender la mano palma abajo y dejar que sea ella quien decida cogerse a ti.

A veces me frunce el ceño, como si estuviera enfadada. Yo la miro, esperando. Pronto se deshace en una sonrisa y ya puedo seguir con mi estudio.

Yo no sería capaz de bajarla de los tejados. O de las nubes, o de dondequiera que se encuentra en este momento. Es una voluta de humo. Es una canción que suena a lo lejos, y que sólo a ratos puedes identificar. A veces es un poco discordante, como una flauta que decide que la melodía de la orquesta no le va y comienza a lanzar sus propias notas. Lleva su propia fase.

En un momento te descuidas y aparece entre tus brazos, como si fuese lo natural, quererla un poquito. Y en ese momento lo es, es lo normal, lo natural.

En ocasiones, muy de vez en cuando, despierta la mujer y viene a tomarle el relevo a la niña. Se cargan un poco más los cruces de miradas, habla un poco más despacio y de pronto cada palabra rebosa matices. Uno podría intuír algo agazapado, los instintos primordiales que nos rondan a todos a veces, y que en esa sencillez encuentran un camino rápido a la superficie.

Pero entonces se desvanece y queda, de nuevo, la niña.

lunes, 14 de enero de 2013

The one that got away (II)

La vida aparenta no querer mis principios. Me los presenta tal y como los quiero ver, para luego insistirme en que quite el envoltorio y me arriesgue a excavar. Me desafía a sobrevivir a lo que encuentre. Poda, poda y espera que al abrir las manos aún tengas algo que sostener.

Pero, ah, los finales los elijo yo. Arrebatadas las oportunidades de la suerte y la estadística, soy yo el que decide qué hacer con ellas, cuando estrecharlas, cuando dejarlas caer. Esperando que esta vez no sea la última, que no te equivoques, pero con la determinación de tomar las riendas y hacer lo que debes hacer, cambiando el camino por tu propia voluntad.




martes, 1 de enero de 2013

Punto de inflexión

Ese instante en el que te das cuenta de que a pesar de todo lo vas a perder. El corazón del enfermo agoniza y ves que todos los esfuerzos que antes dedicabas a rescatarlo y a intentar que sobreviviera ahora se tienen que encaminar a que no sufra. Que desaparezca tranquilo, sedado e inconsciente; apretando tu mano hasta el último momento, pensando que va a ir todo bien, que ya está, que te vas a poner mejor...

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un pensamiento de fin de año

Muchas veces he dicho, mitad en coña, mitad en serio, que conocer al amor de tu vida demasiado pronto debe de ser una putada. Ya puestos a pasar toda tu vida con una persona y considerando que ya no conocerías a más mujeres, tendría sus ventajas dedicarte a conocer "mundo" durante unos años antes de aposentarte finalmente. Otras personas, experiencias, etc.

Hoy, viendo un capítulo de How I Met Your Mother, el pensamiento contrario me ha entrado con bastante fuerza. Conocer al amor de tu vida pronto significa que vas a tener muchos más años para estar con ella. A fin de cuentas, al final ¿te acordarás de unos rostros vagos y noches tontas? Probablemente no, y probablemente eso ya no signifique nada para ti. Pero ¿y tener cinco, diez años más con la persona a la que quieres? Desplazar todo hacia atrás en el tiempo para llegar más lejos, más alto en algo que sí ha perdurado. Supongo que llegado el final cambiaría casi todos mis recuerdos de otras chicas por unos años más con esa persona.

Yo soy un pajarito, no sé qué me pasa ultimamente. Primero el querer una cosita regordeta que estrujar, ahora esto...

Hum.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Huídas

Me ha vuelto a pasar. Caminaba con ella por la calle cuando de pronto ha echado a correr. Mientras cogía impulso he recordado.

Otra mujer, otra ciudad, otras calles. El mismo comportamiento. Parecía que todo estaba bien, pero de pronto salía corriendo. Yo la perseguía por callejuelas, tejados y alcantarillas. Siempre la alcanzaba, siempre ella decía que lo sentía, que no quería que volviera a ocurrir. Pero siempre volvía a pasar y, aunque aprendí a correr muy rápido, - prácticamente volaba de tejado en tejado - cada vez me era más difícil. Arañados, sucios y exhaustos nos desplomábamos después de cada carrera. Siempre ella decía que me quería y que menos mal que la había alcanzado.

Yo no entendía.

Al final dejé que se fuera sin perseguirla. Me cuentan que se quedó desolada cuando no la fui a buscar. La gente no lo comprendía por qué lo había hecho. "Todas las chicas corren, el mundo funciona así, y los chicos deben perseguirlas ¿Es que acaso tú no la querías?". Yo no pensaba así, pero mirase por donde mirase, así ocurría. Quizás estaba loco.

Así que me fuí lejos, otro país, otra ciudad y de nuevo me encuentro saltando por otros tejados, buscando otras palabras esquivas. "El mundo funciona así" me digo.

Creo que el mundo y yo tenemos unas cuantas diferencias fundamentales. Y al igual que ocurre con las parejas, que si en ciertos temas no se coincide es mejor dejarlo estar, me parece que no estoy nada de acuerdo con el mundo. Pero ¿qué hago?

lunes, 30 de julio de 2012

Persecución

Te encontré distante y salvaje. Ni los acordes ni las promesas te pudieron domar. Bailando como quien caza. La energía por encima del estilo, el instinto. Saltando encima del obstáculo sobre el alma desnuda, desprotegida. Cambiando el rumbo en el último momento, cerrando las manos en el aire.

Hace un tiempo hubiera hablado de un baile elegante entre columnas y cristales. Ahora pienso en persecución y sangre, rojo contra negro. Galopadas nocturnas entre los árboles, el pecho que revienta de repente dispersando una nube de esquirlas que se reúnen para poder seguir corriendo. Con cada muerte, más fortaleza.

Corre pequeño, que no te atrape. Lejos y rápido. Te sorprendería el temor que le tiene al frío. Por eso nunca se para de mover, nunca se detiene. Desde que me mordió, con ella el tiempo ha sido locura. "No estás sola, lo juro". Aunque quiebre una ley natural al amarte.

Cazarla, ser más rápido y más fuerte. Pelear hasta la primera luz. Caer rendidos al suelo y dejar que entre las heridas se nos escape la ponzoña antigua. Descansar, al final, viendo al sol alzarse sobre ti.

viernes, 27 de julio de 2012

Brújula moral

Con frecuencia queremos retorcer la interpretación de nuestras acciones para hacerlas encajar en un molde que consideremos aceptable para nosotros - para los demás, para el mundo. "Si he hecho esto, pero ha sido con esta motivación, entonces puedo decir que soy una persona con una moral de este estilo".

Pero yo creo que eso no tiene sentido. El "cabrón", el "legal", el "sincero", el "pícaro". Es absurdo querer encajarnos solo con el fin de que sea más fácil definirnos. Aprovechar luego ese molde que supuestamente tenemos para poder tomar las siguientes decisiones, refugiándonos en el "soy así", y cerrando el ciclo.

Creo que lo que nos configura y nos define es cada acción por separado, una a una, y el tapiz que forman es nuestro sistema moral, nuestra personalidad. Es más arduo enfocarlo así, pues requiere una nueva evaluación para cada nueva acción, con el riesgo adicional de equivocación y arrepentimiento que supone el fallar. A cambio obtienes más libertad de pensamiento y de acción, pues te permite librarte de ese lastre de la "forma de ser".

Dos frases: decía Asimov en el libro "La Fundación" que "el sentido de la moral no debe impedirte lo que está bien". Y, ayer, en la tercera entrega de El Caballero Oscuro, el comisario de Gotham le explicaba a cierto policía que "al final, las normas rígidas son ataduras que permiten a los malos salirse con la suya."

Referencias aparte, creo que cada uno tiene que definir sus límites de lo que debe hacer y lo que no, y a partir de ahí explotarlos como quiera. Definida la brújula moral, asegurándonos de que no nos perderemos en el proceso, explorar las posibilidades y disfrutar.

sábado, 7 de julio de 2012

A correpluma.

 (I)
  
A veces escribe textos como quien garabatea monigotes en una servilleta, y los abandona después. El cenicero humea en un rincón mientras el chico sonríe en el papel. Termina el estribillo de la canción que suena de fondo, dentro de ti hay un secreto, pues tiene gracia, piensa, mientras sigue dibujando. La figura coge forma, nada como los secretos para tomar sustancia.

(II)

 
Contigo vuelvo a ser feliz. Pues la llevas claro, chato. La felicidad es un bien tan preciado que cuando no viene de nosotros mismos debemos estar contrayendo una deuda. Y, como en la vida real, cuanto peor la gestiones, más te tocará pagar luego. No se puede ser feliz por encima de las posibilidades de uno.

(III)

 A veces me sorprendo que no nos maravillemos cuando escuchamos el latido de otra persona. La prueba inequívoca de estar vivo, el reloj que compartimos todos y que inició su tick tack cuando empezamos a existir. Claro, que tampoco nos maravillamos ante tantas otras cosas... Puede que efectivamente no sepamos valorar lo importante.


_______


Nota: Incluso los textos más libres que escribo aquí, esos que llevan hora en vez de un título, llevan cierta dedicación detrás. Un mínimo de corrección, o al menos ponerme a escribir con cierta inspiración. En el último viaje de tren que hice quise hacer una prueba. Ponerme a escribir sin tener el impulso, largando todo del tirón, y sin editar nada. Le he colado alguno a dos de las lectoras más veteranas del blog, así que considero que al menos pasan el listón para poder ser publicados :P ¿Les habéis notado algo?

jueves, 5 de julio de 2012

En tierra

Ahora que todas las palabras bonitas se han pronunciado y escrito, que ellos ya tienen su sitio en las nubes, altos, ideales, dejame tocar una canción distinta.

¿Sabes? Yo solía sentarme ahí y pensar "algún día lo conseguiré". Es mucho más fácil de lo que creía,
conseguir una métrica barata, rimas de una noche. Tampoco son complicadas las relaciones de papel
y rosa. Pero he llegado aquí y no quiero sus nubes de algodón, esas que te convencen de estar en lo alto, cuando solo estás confundiendo el cielo con las estrellas que se reflejan por la noche en la superficie de un estanque.

Ahora busco a alguien como yo, con los ojos abiertos. Sin princesas, sin historias, una chica de pantalones vaqueros con la que pelear el día a día. No necesito que al darle la mano suenen ángeles, me basta con sentir su piel real, con la mía.

Sigo buscando.

lunes, 4 de junio de 2012

Electrocardiograma (II)

Este texto lo escribí y publiqué hace un tiempo. Este curso hubo un concurso de relato corto en mi facultad, y decidí ampliarlo y presentarlo. No hubo premio por falta de participantes, así que lo libero ahora.

Electrocardiograma


Había algo que siempre me llamaba la atención cuando estaba en su cuarto. En el típico corcho de pared, entre mapas, postales y fotos, había colgada una hoja de papel con el resultado de un electrocardiograma. No es que ella tuviera problemas de corazón o, al menos, no físicamente hablando. La hoja provenía de una práctica de segundo de carrera en la que se diseñaba un circuito capaz de realizar electrocardiogramas. Era una práctica complicada pero la recompensa era que, si tu circuíto funcionaba bien, podías hacerte un ECG a ti mismo e imprimirte el resultado. Ella, como era de esperar, lo consiguió. 
 
Me gustaba mirar esa hoja cuando estaba en su cuarto, esperando a que ella se cambiara o terminase alguna tarea de la universidad. Era como una foto de su pulso, un diagrama de como funcionaba su corazón. Algo me decía que con el adecuado estudio, memorizando cada curva, cada subida y bajada, cada pico, conseguiría comprender su motor vital y por tanto comprenderla a ella. A ella le hacía gracia mi teoría así que me dejaba escucharlo de vez en cuando. Sentía el tick-tack uniforme. A veces más rápido, a veces más lento, pero sin desviarse nunca. Estaba todo controlado.

Pasaron los meses. Llegó septiembre y tocaba decirse adiós, partíamos hacia destinos distintos. Nos despedimos en el portal de su casa, como si fuera una vez más, como si no pasara nada. Aunque nunca habíamos sido de abrazos, me permití estrecharla, una pequeña concesión. Y por última vez ahí estaba su cadencia. Las curvas, las subidas y las bajadas, los picos. Pero de pronto, justo antes de soltarse de mí, se saltó un latido. Una pequeña arritmia, una nota discordante, sin sentido y llena de sentido. Me separé, me devolvió la mirada. Creo que era la primera vez que le veía una sonrisa triste. Y así, en el último momento que pasamos juntos, la comprendí. Aunque ya se fuera, aunque ya no sirviera.

domingo, 20 de mayo de 2012

Un juguete.

[uno de esos textos antiguos no-publicados. y dice...]

Estoy roto por dentro, soy el primero que lo sabe. Cuando me importa una persona, le puedo cortar sin pretenderlo con las esquirlas y los fragmentos de la confianza que no puedo tener. Por más que me esfuerce, soy suspicaz hasta el extremo. Mi única defensa es intentar controlarlo y no ocultarlo, decir que hago lo que puedo con los trozos que me quedan. Pero cada vez son menos. Y no puedo evitar parecer lo que soy.

Son esos días en los que el frío entra y cala bien. Esos en los que no puedo ver una foto mía en ningún lado. Como se vuelven frecuentes, al final siempre me escojo como ávatar imágenes o fotos de otras cosas, cualquier cosa que no implique devolverme la mirada. No me avergüenzo de mí, ni mucho menos. Ni me arrastro detrás de nadie, ni dejo de encajar bien las patadas, aunque no se note. Es solo que la autoconsciencia es un arma de doble filo, y de vez en cuando, tras un rechazo particularmente brusco, la cojo por el lado que no es. Y pienso que es normal que no se quieran acercar.

No es un chafón vital. Sé que hay personas que me comprenderán y que solo hay que buscar bien y tener suerte. Pero hasta entonces, juguemos a lo de las sonrisas fáciles. Ahí no hay nada que mostrar, ni que ver, ni que ocultar.

miércoles, 29 de febrero de 2012

En el tiempo de descuento.

Cuando vives en el tiempo de descuento de una ciudad, todo comienza a cambiar. Los sitios más comunes tienen un aire distinto, comienzan a impregnarse de la nostalgia que les acompañará cada vez que los vuelvas a ver. Reúnen su colección de recuerdos como quien colecciona cromos.

Cuando vives en el tiempo de descuento de una ciudad, un contador se instala también en cada persona, y cada día que pasa es una vuelta más al reloj. Si los sitios se vuelven más reales con el peso de las experiencias, creo que las personas se convierten en más insustanciales. Una relación que vives día a día comienza a transformarse en el "qué seremos cuando me vaya". Las peleas importan menos, las emociones se suavizan. Es como estar añadiendo las últimas fotos a una caja de recuerdos. Lo que empaña estos últimos momentos es la certeza de que, por mucho que te esfuerces, el calendario ya marca el final de ese lazo.

Siempre he vivido con esa certeza encima de cada persona que he conocido. Tarde o temprano desaparecerá de mi vida. Meses, años, no importa. El lado positivo es que no puedo permitirme depender de nadie, así que a mí nunca me ha cazado el miedo a perder. El lado negativo es no poder construír nada permanente. ¿Cómo podría engañar a alguien con un "voy a estar aquí", cuando yo mismo sé que no será así?

lunes, 27 de febrero de 2012

Principiante

Ayer estuve con un grupo de chavalada, amigos de mi hermano pequeño. Típico día que no tienes nada que hacer por la noche, van a ver una peli y en fin, para el salón que te vas. Y, para que engañarnos, me hace gracia ver el comportamiento de esas nuevas generaciones, y acordarme un poco de cómo era yo con esos años (mayoría de edad aprox).

Una de las chicas me llamo la atención. De un modo científico, claro está, no vayáis a pensaros que me dedico al innoble arte de asaltar cunas. El caso es que reconocí en ella un patrón que me resultaba muy habitual. Respuestas ingeniosas, rápidas y no exentas de mala leche. Indiferencia aparente. Sin rehuír el contacto físico pero sin usarlo para ningún fin, simplemente como un hermano pequeño que lo mismo te abraza que intenta placarte. Sonrisa fácil y gestos de cariño cuando bajaba la guardia.

Era, en resumen, un esquema simplificado del comportamiento de las mujeres que más me llaman la atención y más quebraderos de cabeza me han traído siempre.

Era curioso, porque en ella se veía muy claro el núcleo interior de ser buena persona, necesitada de ¿cariño? pero renuente a reconocerlo. Al ser tan joven, imagino, todavía le faltaban práctica y capas de dureza, experiencia... La coraza era tan frágil que sabía que al primer golpe bien dirigido (consciente o inconscientemente) se abollaría. Al segundo, se rompería. Y entonces sería como tener entre las manos la esencia de esa persona, inmadura y delicada.

Y es que creo que existen dos caminos respecto al núcleo/capas.

Uno puede no tener miedo de mostrarse, y dedicar sus esfuerzos a fortalecerse por dentro. Sin miedo a que lleguen a ese interior donde somos quienes somos. Ya nos hemos examinado y conocemos mejor que nadie nuestros resortes. Estamos acostumbrados a jugar en nuestro campo y no es fácil ganarnos ahí. Requiere más valor y más esfuerzo, pero lo merece.

O uno puede dedicarse a construir capas de apariencias y fortalezas. Que requieren mucho menos esfuerzo y que son mucho más vistosas y atractivas desde fuera para la mayoría de personas. El problema es que si te has dedicado a eso, cuando caen (y caerán tarde o temprano) estás tan poco acostumbrado a manejarte con lo que te queda que es muy fácil ser arrollado, domado o conquistado. Esta persona a fin de cuentas sigue siendo una principiante emocional, y en ese momento, ante quien ha llegado hasta ahí (consciente o inconscientemente) ya poco sabe hacer.

No se puede conquistar a alguien de verdad sin llegar ahí abajo, y sin vencer todos esos floreos y fintas previamente. A más compleja la mujer, más difícil es. Así que era un divertimento extraño verlos en sus primeros estadios. Eso sí, espero que encuentre a alguien preparado cuando sea necesario. Demasiada fortaleza mal enfocada puede conducir a senderos nada agradables.

domingo, 12 de febrero de 2012

Such a loser.

Sé que hay muchas personas, o al menos ese es el tópico, que se quejan de no comprender a otras. Les gustaría encontrar el sentido a ciertos actos ilógicos o irracionales, o actitudes aparentemente erráticas de sus congéneres de sexo opuesto. Yo últimamente me encuentro deseando lo contrario: me gustaría no entender.

En mi filosofía de evitar los jaleos y complicaciones, a veces se me hace más complicado esquivar lo que no se me pide en voz alta. Porque algo hablado se puede desviar o moldear o rebatir, pero el ansia primaria que desprenden ciertas frases es simplemente demasiado. El tono de fondo, la envolvente, el pensamiento que no está ahí, pero está.

Hay veces que me agobio. Que me gustaría coger a alguien y zarandearlo y decirle que yo no valgo tanto, que no me pida cosas sin pedirlas que no le puedo dar. Quiero decirles que no espere nada de mí, que ponga su carga de "no me falles" en otra persona. O que por lo menos me lo diga, que me necesita. Pero a cambio me dan su fachada dura, sin tenderme la mano, pero esperando que la mía se quede abierta para ellos. Veo su orgullo y veo debajo lo que me piden. Se me parte algo, pero no puedo y no quiero y no se lo merecen. Y aún así.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La plaza de noche.

Una ciudad un viernes por la noche. Del sur, o del norte, qué más da. Una catedral iluminada que da a una plaza donde mucha gente se sienta a aprovechar los últimos vestigios de las noches de verano. Dos hombres tocando la guitarra, canciones sencillas, canciones bonitas. Y una pareja que se besa en medio de la plaza.

La situación es tan tópica que, como siempre, el chico se da cuenta y rumia por dentro.

Qué bonito, qué románticos somos. Que típico. Esto lo he vivido ya y lo volveré a vivir, porque no sé siquiera si esta vez es la definitiva, seguramente no. Si llevamos dos días, joder. A saber cuánto duramos. Pero aquí estamos, como si fuéramos dos tortolitos, como si esto fuera a conservarse para siempre. 

Y en esas está, cuando por primera vez en mucho tiempo habla una voz distinta.

- Cállate, joder, y disfruta.

No es el momento perfecto. Sí, estáis repitiendo lo que han hecho y harán innumerables parejas. No somos los más originales y seguramente no sea ella la persona con la que vivir todos esos momentos de libro, pero eso no significa que este momento no sea único con vosotros, ahora. Vale la pena estar aquí, vale la pena estar con ella. No sabes si esto contará, no sabes si acabará habiendo algo permanente en lo que escribir esto bajo el epígrafe de "los principios". Pero este momento vale. Aprovéchalo, atesóralo.

Así que de noche, en una plaza iluminada, con una catedral a sus espaldas, los dos prosiguen con el beso, conscientes el uno del otro, tocados ligeramente por el duende del momento. Y las guitarras prosiguen con su canción cuando el momento se descongela y vuela a escribirse en alguna parte.

jueves, 24 de noviembre de 2011

-

Pensando que hay que dejar de pensar tanto en como digo las cosas y más en lo que digo. Que la forma de sacar un buen texto es tirar de adentro. Y que no es tan importante sacar un buen texto.

Me jode la forma en que funciona el mundo, así, tal cual. A veces es todo tan tópico que intentas hacer las cosas a tu forma, a la forma que crees que es correcta y te das de ostias por todos lados. Es como si te enseñan un aro y dicen "tienes que pasar así o así o así". O puedes no pasar. O puedes darle una patada. ¿Y si lo quiero lanzar lejos? De vuelta con las metáforas. "No eres normal". Bah. Te aturullas con las personas, están tan acostumbradas a pensar así, así y así que ni en horas de conversación las sacas de sus recorridos mentales, de sus calles bien marcadas. Y te cansas.

Las personas te dan respuestas prefabricadas. Nadie da el puñetazo en la mesa, nadie se indigna ni es capaz de decirte cómo son las cosas. Porque estoy triste y entonces.... porque estoy pillado y entonces... porque estoy dolido y no veo. Mírame bien, joder. Y entiéndeme por una vez. No necesito cuidados, necesito apoyo real. Aquí me acuerdo de mi hermano, o de mi padre. Echo de menos el "eso son gilipolleces" que tantas veces me habría podido aclarar la mente.

Quiero creer al menos que si no me hablas a mí directamente es porque no me comprendes, claro. Imagina si es por si me ... ¿no me dices la verdad? Es que la palabra anterior la he dicho tantas veces que la tengo aburrida ya. "Mentir".  Bah.

Pues éste va de regalo. Por las que me callo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Electrocardiograma.

Había una cosa que siempre me llamaba la atención cuando estaba en su cuarto. En el típico corcho de pared, entre mapas, postales, y fotos, había colgada una hoja de papel proveniente de un electrocardiograma. No es que la mujer tuviera problemas de corazón - al menos, no físicamente hablando- sino que la hoja provenía de una práctica de 2º de carrera en la que se diseñaba un circuito capaz de realizar electrocardiogramas a un nivel básico. Era una práctica complicada, pero el premio era que si tu circuito funcionaba bien, podías hacerte un ECG a ti mismo e imprimirte el resultado. Ella obviamente lo consiguió.


Me gustaba mirar esa hoja cuando estaba en su cuarto, esperando a que ella se cambiara o terminase alguna tarea de la universidad. Era como una foto de su pulso, un diagrama de como trabajaba su corazón o al menos de lo que dibujaban sus latidos. Algo me decía que con la adecuada comprensión y estudio, cada curva, cada subida y bajada, cada pico, me darían información sobre ella y sobre como funcionaba. Me permitirían entender, a través de la ingeniería inversa, qué era lo que había ahí dentro.

jueves, 27 de octubre de 2011

Decisiones.

Llega el momento de tomar las decisiones emocionales, y ahí no hay quién se aclare. Sentimientos contra razón, pero también vísceras y vísceras o bloqueo mental. Creo que la única forma de decidirse rápido y bien son los principios, tener una fuerza motora que en última instancia sea la que nos encamine. Cada cual tiene la suya. Voy a hablar de la mía, y de cómo y por qué ha ido cambiando. Veréis.

Al principio mi leiv motiv era muchas veces la vergüenza o la timidez, que más de una forma de tomar decisiones era una forma de no tomarlas. Evitar actuar porque cierta barrera infranqueable te mantiene atado. Muy poco aconsejable, pero por suerte fue fácil de abandonar. A fin de cuenta, esa fuerza no existe. Si soy yo el que puedo cruzar el último metro, si solo tengo que ordenárselo a mis piernas, si solo tengo que hacer algo tan sencillo como expulsar aire mientras muevo los labios... Lo hago.

Luego... el orgullo. Tiene la ventaja de que es cálido y te encuentras bien. Y nadie te va a mirar por encima del hombro. Pero tarde o temprano te quedas frío y por muy fuerte que te sintieras en aquel momento, si el orgullo fue tu criterio para decidir, acabas pensando "no estuvo bien". Yo soy muy orgulloso, y muchas decisiones las tomé por ese motivo. Lo aplicaba a decisiones importantes, porque tenía claro que yo había de ser lo más importante para mí mismo. Y tenía razón, pero fallaba el enfoque. El orgullo puede parecer venir de uno mismo, pero en realidad es verte desde el prisma de los demás. No quieres parecer débil, encoñado, creído, flojo... No digo que el orgullo esté mal, pero no puede ser el motor de las decisiones.

Es la tercera fase en la que me he instalado. No desde hace demasiado, y todavía lo estoy perfeccionando, pero creo que éste sí que es el camino. Es... la conciencia. El "no arrepentirse" como la última baza cuando no puedes aclararte con una decisión. El refugio cuando haces algo que sabes que puede salir mal y que van a lloverte cuchilladas. No es tan poderoso como el orgullo, y puede dejar pasar el daño, pero es daño que cura rápido.

Porque si tienes a alguien que está jodido, pero sabes que como le ofrezcas ayuda probablemente te mande a la mierda, la timidez no se atreverá. El orgullo te dirá: encima que te haces vulnerable para esa persona, como nos de la espalda, nos deja al nivel del fango. Pero la conciencia toma el camino: tú sabes qué es lo correcto y lo que está en tu mano, así que la tiendes aunque te muerdan. Y te muerden. Pero te quedas tranquilo.

Últimamente lo he dicho demasiadas veces, pero lo repito una vez más: la única persona que va a estar siempre con uno mismo es... uno mismo. No hay nada en la vida como tener la conciencia tranquila. Por mucho tiempo que pase, por muchas veces que te equivoques al decidir, nadie puede culparte de nada, ni siquiera tú mismo, si en todo momento haces lo que crees que está bien. Creo que es lo que más valoro ahora mismo. Ya lo dice el Chojin:

"Hoy busco dormir agusto,
no suena muy ambicioso,
pero créeme: es mucho"

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ambiente viciado.

Sentados en un pub, una cerveza enfrente de cada uno, lo típico. 2 parejas y yo. En otros tiempos me hubiera dado igual lo de aguantavelas. O quizás en otras situaciones, o con otras personas, pero ahí empiezo a sentirme incómodo. Pensaba que sería capaz de sustraerme, pero no lo consigo.

Y es que están abrazaditos, haciéndose arrumacos, como en una competición de a ver quién se quiere más, pero intentando no olvidarse del amigo soltero - esto es, yo. Debe ser que la amargura de mi soledad se apodera de mí y... No. Lo que ocurre es que todo es más falso que un billete de 3 euros. Y yo, que estaba convencido de que se había terminado eso de juzgar a otras personas, me encuentro incapaz de mirarles a los ojos.

En la pareja A, uno de los dos no puede entrar por una puerta sin que las astas le hagan tope, y lo peor es que no lo sabe. La pareja B ha desarrollado lo que algunos caritativamente llaman "costumbre", cuando en realidad lo que ocurre es que solo están juntos porque tienen miedo de tener que enfrentarse al mundo por su cuenta. Ambos han tonteado con otras personas, pero sin el valor de soltar la rama. Son muchos años ya y ¿qué pasaría si lo otro no saliera bien?

Total, que al cabo de un rato la farsa se vuelve demasiado para mí, así que les digo que me vuelvo a casa, que me apetece jugar un rato o seguir leyendo Canción de Hielo y Fuego."Friki". "Va, quédate que te buscamos una".

"Pobre, que está solo".

jueves, 20 de octubre de 2011

El fin de ETA

A estas alturas todos sabréis ya que hoy, jueves 20 de octubre de 2011, ETA declara el fin de la actividad armada o, sin eufemismos, del terrorismo. 43 años después.

Tengo el corazón extraño, la noticia me ha hecho un curioso nudo en la garganta. Cuando era pequeño y salían noticias de ETA, secuestros, chantajes, bombas, asesinatos... Recuerdo un poco que lo vivía como si aquello fuese ficción, una película o algo así. Sabía que era real, pero no conectaba con la magnitud de lo que significaba eso, una vida sesgada, y dolor, mucho dolor. Hasta que un día estaba en la cocina, a la hora de comer, yo solo. En la tv interrumpieron un programa para anunciar que un guardia civil había sido asesinado. Y en ese momento realmente comprendí. Tuve esa sensación que describen como un puño apretándote el pecho y lloré. Menuda escena, yo a mis 16 llorando solo en la cocina viendo la tele. Pero es que logré asimilar que lo que para los asesinos había sido una víctima más, un fascista asesinado; lo que para nosotros era una noticia en la televisión; representaba realmente un marido muerto, dos chavales a los que tendrían que decirles que su padre había sido asesinado de un disparo en la nuca. Por los valientes gudaris defensores de las tierras vascas.

No soy partidario de la pena de muerte. Y sí, ahora viene un "pero". Pero no sabéis como me alegraba con las noticias de un etarra detenido o mejor, uno al que le estallaba la bomba en la propia furgoneta con la que pretendía sesgar más vidas.

Y hoy abandonan la lucha. Usando como excusa la conferencia de paz habida recientemente, cuando todo el que tiene un par de dedos de sesera comprende que ETA estaba agotada, extenuada y arrinconada por la lucha que esos policías y guardias civiles (o gendarmes) les habían ganado lentamente. Ya no importa tanto el motivo, sin embargo. Se ha ganado, ha sido una victoria contra el terrorismo. Se acabaron definitivamente, espero, ese tipo de noticias. Y decir que me alegro es quedarme muy corto.

Si algún dia tengo hijos o hijas, espero que me miren con cara de incomprensión cuando les explique lo que era ETA. Eso significará que el terrorismo, por fin, ha acabado hoy.